Un corazón lleno de abrazos, sonrisas y caricias

Las flores solían decirme que jamás se marchitarían; que nunca se irían de mi vida.

Las nubes me dijeron que jamás llorarían para que de esa forma yo no estuviera triste.

Los arcoiris concordaron con las nubes, diciendo que no saldrían, pues de otra forma las nubes habrían llorado.

Los girasoles prometieron no dejarme de seguir pues si lo hacían, yo me sentiría sola.

Mi corazón guardó todos los pequeños detalles que las personas más importantes en mi vida me dieron. Ninguna de ellos eran materiales; sino eran recuerdos: algunos abrazos, sonrisas y caricias.

Las personas que mantenemos siempre en nuestros corazones nunca se van de nuestras vidas. Podemos durar miles de años sin verles, pero en nuestro corazón, jamás dejarán de vivir.

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El polen que una abeja guarda para alimentar nuestros corazones.

Las flores crecen casi sin darnos cuenta, como cuando comienza la lluvia a mojar a las personas que caminan con su pesar.

La luna nos guía en los momentos oscuros, sin embargo no siempre está ahí, pues ella también tiene que descansar.

Un corazón puede soportar muchas perdidas, así como muchas alegrías, y aunque no dura para siempre, en todo momento está ahí para hacernos sentir algo, no importa qué, con el fin de recordarnos que somos humanos y podemos sentir cosas que no sabíamos que existían.

Las cosas buenas pasan, las malas siempre llegan como las abejas llegan a una bonita flor y guardan su polen y de esa forma mantener en pie ese mundo que los humanos tanto nos empeñamos en destruir.

Si los amigos duraran para siempre, las penas no existieran. Si el amor no acabara pronto, no aprenderíamos de los errores.

Las cosas pasan por algo, para darnos una lección y quizá poder aprender de ello, pero al final siempre encontraremos la forma de ser felices, solo que cuando el fuego está en su auge, no vemos las cosas con claridad.

La luna que sueña

Cuando era niña me preguntaba qué tan difícil sería llegar hasta luna. ¿Podría ponerme muchos zapatos de mamá con tacón al mismo tiempo? ¿Podría tomar tomar mucha agua y crecer como las plantas tan alto hasta el cielo? O quizá solo bastaría con inventar una nave espacial e irme por mi cuenta, además de esa forma podría llevar a mi familia conmigo, así pasaríamos unas vacaciones, y, afrontando la realidad, volveríamos a casa para el lunes siguiente ir a la escuela.

Esa era una de mis pequeñas obsesiones y problemas (sí, al mismo tiempo) que tenía cuando era niña.

Ahora a mis 21 años, desearía con toda mi alma que esos problemas siguieran siendo los mismos, aunque, luego de tantos años, realmente deseo ir a la luna, mi niña interior nunca se ha ido, solo que una parte ha cambiado, y no sé si eso es bueno, pero si lo es, sería una tristeza.

Creo que nunca deberíamos dejar ir a esa niña o niño interior, aferrarnos a él y nunca soltarlo. Claro que no seremos siempre como alguien de 5 años, sino que le tengamos presentes cuando decidamos ir por nuestros sueños, aferrarnos a ellos, como cuando nos quitaban un juguete a los 2 años que realmente queríamos y al final teníamos de vuelta (desechando la parte de llorar desconsoladamente).

El mundo podría ser mejor con tal solo un ”gracias” e incluso un ”buenas tardes/buenos días”. Siempre podríamos aportar un ”granito de arena” a algo, y eso comenzaría haciéndonos felices primero a nosotras y nosotros mismos, pero que esa felicidad personal no le cueste a los demás, ver por nosotros pero sin hacer el mal.

La vida espera mucho de nosotros, y nosotros esperamos mucho de la vida, pero ¿para qué esperar si se puede hacer ya?

”Te quiero no por quien eres sino por quien soy cuando estoy contigo”.

Escondí mi cara en tu cuello, fue un poco difícil pues eras muy alto, pero eso no me impedía alejarme de mi lugar favorito.

Tomé tus manos, eran suaves al tacto. Las llevaste a mi mejilla y ahí la dejaste por un tiempo, luego fueron a mi cabello y comenzaron a jugar con él. Tus dedos formaban círculos y se enredaban.

El aire comenzó a correr más fuerte y me protegiste con su chamarra, acercándome más a ti. Aprecié eso. Aprecié eso como cualquier otra cosa que habías hecho por mí.

Mi luna a crecido, mi sol ya no se esconde y en mi cielo ya no existen las nubes tristes.

Mi jardín floreció, los rosales crecieron hasta no verse más y los girasoles nunca dejaron de perseguir el sol.

Y al final pensé: ¿para qué?

Quise escribir algo; no tuve ni idea qué. Pensaba en tomar mi pluma, arrancar una hoja de papel y dejar que las palabras fluyeran como tal río desembocando al mar, pero todo era un frío invernal.

Traté de leer los pensamientos de las personas; en los libro intenté descifrar lo que la autora escribió y que al final borró, como quien dice adiós a su peor miedo.

Dibujé una flor; en un cuaderno pinté mis llantos, pero todo lo que hice fue mostrar la cara de la moneda oculta.

Tomé café; ingerí toda bebida que me hacía sentir viva, como quien añora los colores de primavera en pleno otoño.

Y al final pensé ”¿para qué? ¿Para qué si nadie me escucha?”, fue ahí cuando me di cuenta que la soledad siempre estará, solo se tiene que aprender a manejar para no entrar en un agujero oscuro.