La alegría y la sensatez llegan sin avisar.

Las estrellas caen como un rallo de luz, haciendo que pidamos esos deseos que probablemente nunca se cumplirán. Pero así somos los humanos, llenos de esperanza y fe, esa que nos hace creer que todo es posible, y aunque quizá no lo sea, para un mente bien abierta, puede hacer que muchas cosas que parecieran fuera de este mundo se vuelvan completamente normales.

Los corazones creen en el amor a primera vista, así como los helados se derriten con solo ver el sol, pues hasta ellos aman tanto que es imposible resistirse.

Un cabello de luna crece, uno tan blanco que ni la persona más vieja del mundo logra poseer.

Pero la luz sigue, sigue y sigue, crece tan grande que es inimaginable. El sol jamás apaga su brillo, solo toma un descanso y a las pocas horas vuelve a ser vida, y con él, las plantas llegan casi hasta él.

En un corazón bien abierto y libre, la alegría y la sensatez llega sin avisar.