Tus ojos, los cuales brillaban más que el sol…

No sabía qué escribir, así que hablé sobre tus ojos, los cuales brillaban más que el sol en verano.

La lluvia llegó y ahí estuvieron ellos, acompañándome en el oscuro camino.

Escribí más, escribí poemas, cartas y hasta tuve una idea para una novela donde eras el protegonista.

Leí libros y en ellos estabas tú.

Tu sonrisa dice mucho, y estoy conciente de que me miras a mí con más brillo que a las demás personas.

Luego de una noche especial y un ”te amo” en un susurro, supe que todo estaría bien por siempre.