La Gioconda y su tristeza…

Los soñadores nunca se despiertan; ni siquiera con una taza de café.

Mis caricias dejan de existir cuando te vas.

Las películas volvieron a la época de oro, tono blanco y negro.

La Gioconda sonrió mostrando sus dientes, pero la tristeza reflejada en sus ojos no desapareció.

Me siento culpable por lo que alguna vez dije.

Te extraño, así como cuando el lugar más desértico extraña su sol brillante en invierno.

El amarillo se volvió blanco, ya no existió.

Tus besos me condenaron para siempre, y las cartas que me escribiste siguen guardadas debajo de mi almohada, con la esperanza de algún día soñarte.

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