El polen que una abeja guarda para alimentar nuestros corazones.

Las flores crecen casi sin darnos cuenta, como cuando comienza la lluvia a mojar a las personas que caminan con su pesar.

La luna nos guía en los momentos oscuros, sin embargo no siempre está ahí, pues ella también tiene que descansar.

Un corazón puede soportar muchas perdidas, así como muchas alegrías, y aunque no dura para siempre, en todo momento está ahí para hacernos sentir algo, no importa qué, con el fin de recordarnos que somos humanos y podemos sentir cosas que no sabíamos que existían.

Las cosas buenas pasan, las malas siempre llegan como las abejas llegan a una bonita flor y guardan su polen y de esa forma mantener en pie ese mundo que los humanos tanto nos empeñamos en destruir.

Si los amigos duraran para siempre, las penas no existieran. Si el amor no acabara pronto, no aprenderíamos de los errores.

Las cosas pasan por algo, para darnos una lección y quizá poder aprender de ello, pero al final siempre encontraremos la forma de ser felices, solo que cuando el fuego está en su auge, no vemos las cosas con claridad.

Anuncios