”Te quiero no por quien eres sino por quien soy cuando estoy contigo”.

Escondí mi cara en tu cuello, fue un poco difícil pues eras muy alto, pero eso no me impedía alejarme de mi lugar favorito.

Tomé tus manos, eran suaves al tacto. Las llevaste a mi mejilla y ahí la dejaste por un tiempo, luego fueron a mi cabello y comenzaron a jugar con él. Tus dedos formaban círculos y se enredaban.

El aire comenzó a correr más fuerte y me protegiste con su chamarra, acercándome más a ti. Aprecié eso. Aprecié eso como cualquier otra cosa que habías hecho por mí.

Mi luna a crecido, mi sol ya no se esconde y en mi cielo ya no existen las nubes tristes.

Mi jardín floreció, los rosales crecieron hasta no verse más y los girasoles nunca dejaron de perseguir el sol.

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